Como si fuese un funeral, triste pero a diferencia, solo en la habitación de mi cuarto pase las siguientes horas, tratando de entender como es que había llegado a ese punto.
Sentí que poco a poco todo ese cansancio se fue eliminando, lloré hasta quedarme rendido durante horas, mis ojos ya no tenían más lágrimas, ya no tenía más que sufrir, había tocado fondo y tenía dos opciones, o quedarme muerto en vida, como estaba o tomar la decisión de cual fénix renacer.
Días después la infección cedió y me permitió hablar de nuevo, poco a poco empecé a retomar mis actividades; claro, las de un desempleado. Contacté a Alfonso, necesitaba sentir a mi gente cerca.
Así y con la preocupación de mi montón de deudas, algunos kilos menos y mucho tiempo para pensar trascurrieron un par de meses, julio había llegado.
Con el mes de julio, llegaron las vacaciones de Alfonso por lo cual lo vi mucho menos, regresó a casa de sus padres y poca fue la comunicación.
Había encontrado un nuevo empleo en una nueva agencia, si bien es cierto no era mi empleo soñado, era un empleo que consideraba sería bueno para mí, estar debajo de órdenes de un jefe y no de serlo, necesitaba encontrar el menor estrés en mi vida.
Poco a poco empecé a arreglar las cosas, lejos Alfonso vivía una situación diferente. Al paso de un par de semanas regreso a Monterrey. Yo había decidido tomar algunos cursos de inglés para distraerme, para enfocarme en fin, para reencontrarme.
Ese lunes, Alfonso había regresado, en pláticas escasas dijimos que teníamos mucho que platicar así que sin pensarlo, deje as clases ese día y nos encontramos en aquél restaurant en el que habíamos platicado por primera vez meses atrás cuando había iniciado esta vorágine de aventuras.
Cuando terminé de platicarle a Alfonso todo lo que había pasado, me aconsejó que empezara a preocuparme por mi, que buscase la oportunidad de ser yo, de vivir el momento. De pronto su voz se entrecortó.
Mientras yo al otro lado de la mesa lo observaba; le pregunté que pasaba.
Un par diminutos tardó y me vio fijamente a los ojos, el último viaje de vacaciones que había hecho a casa, había resultado interesante, había hablado por primera vez con su madre acerca de su forma de ser y sentir, tras una discusión no pudo evitarlo y sin quererlo preocupó a su madre.
Pero ahí no paraban las sorpresas, tras hacer una pausa y mirarme nuevamente a los ojos me dijo;
- Christian me voy, me voy de la ciudad en un par de meses, me voy a cumplir con el trabajo de mi padre al otro lado del país, se acabó la historia aquí.
No se de donde saqué fuerzas, probablemente seguía sin ganas de llorar, ya no podía mas.
Sólo recuerdo que calle y dije algo que me dejase bien librado y poderle dar ánimos a Alfonso.
Camino a casa, pensé en que realmente todo pareciera no haber terminado aun. Si bien es cierto que había muerto literalmente hace un par de meses esto pareciera ser otro golpe más duro. Alfonso, aquél al que le había aprendido tanto me dejaba, el apoyo que sentía fuerte se derrumbaba también y yo necesitaba ser fuerte para sostenerlo, para que se despidiera de su vida.
No fueron días fáciles, si bien es cierto tratábamos de ser fuertes, poco a poco el tiempo nos fue comiendo, mi poca estabilidad hacía que nos viéramos bastante alejados, pero comunicados siempre.
Un sábado, queriendo olvidar todo, decidimos ir a la casona, un lugar que nos gustaba mucho. Llegamos y la noche iba algo tensa, de pronto Alfonso se me desapareció un rato, esa noche conoció a todo un personaje; Leonardo Vasconcelos.
Leonardo, si otra vez ese nombre, era un chico. Un chico por todos lados, con apenas 19 años y su estatura de 1.6 m era todo un personaje, de esos que prometen grandes historias. Nunca supe mucho de el, Alfonso era bastante reservado, pero con el había sido extremadamente cuidadoso. Si bien es cierto hablábamos de las personas con las que teníamos sexo o salíamos, este Leonardo, uno más en la lista nunca había figurado en las pláticas.
La noche termino algo melancólica y fría, no porque hubiésemos reñido antes, yo creo que era el aire de nostalgia que seguramente nos invadiría cada vez más fuerte.
La semana siguiente, Alfonso reinstalado en su labor y yo en mi trabajo platicábamos acerca de tantas cosas, pero cada vez que yo trataba de preguntarle algo respecto a su cambio de ciudad, el se negada rotundamente a contestar.
El siguiente fin de semana lo pasamos alejados. Al llegar el lunes y con la firme intensión de no generar más distanciamiento empecé a hablar con Alfonso. Tras saludarlo y decirle que este fin ni siquiera una llamada hicimos el empezó a contarme sus aventuras de fin de semana.
Me contó de un tipo que conoció con el que pasó hablando horas; Miguel, con el que se identificaba muchísimo y habían platicado durante 6 u 8 horas seguidas. Que era una personaron al que tenía mucha química.
Al preguntarle que si lo veía como algo más, me dijo no. Que simplemente era un amigo, alguien que podría conocer más a fondo y convertirlo en uno de sus mejores amigos.
Por primera vez en mi vida me sentí celoso de un amigo. Celé y sentía que algo me era arrancado de mi, sentía que me carcomía el tiempo y que las pocas semanas que me quedaban de Alfonso serían arrancadas por Miguel.
No pude más y exploté. Le dije todo a Alfonso en un ataque de celos e ira, desesperación y frustración. Alfonso no lo entendió. No pedía que lo entendiera.
Los días pasaron y el silencio entre Alfonso y yo creció, transcurridos cuatro o cinco días, una pantalla de aviso en el Messenger me dio una nueva noticia:
ALFONSO: Y ahora que hago?… ACABA DE INICIAR SESIÓN.
CONTINUARÁ…





