El roble fuerte

Había un niño pequeño que cada vez que alguien le llamaba la atención por sus constantes faltas, corría a un viejo roble en el patio de su casa, se refugiaba y esperaba a que le fueran a rogar que saliera de entre las ramas para consolarle y perdonarle todo.

El tiempo pasó y el niño se convirtió en adolescente, pero su antigua costumbre de correr al viejo roble escondiéndose tras sus ramas cuando era reprimido o no le gustaba lo que oía de los demás acerca de su persona no cesó.

Años después, el viejo roble se secó; por lo que ya convertido en hombre, decidió mandar a hacer un baúl donde guardar cosas de valor, a final de cuentas el roble siempre representó un lugar seguro para el.

Paso el tiempo y formó una familia. Cierto día, llegó del trabajo y se encontró con las innumerables quejas de su esposa acerca de su primogénito quien en un ataque de rabia por la reprimenda de la madre se encerró en el desván.

El padre al escuchar el constante quejar de su esposa subió a su recamara se encerró y como de costumbre no supo que hacer para enfrentar el problema.

Horas mas tarde, tras haber sido vencido por el sueño, los constantes gritos de su esposa y sollozos lo despertaron.

Asustado corrió y encontró la puerta del desván abierta, adentro; se encontraba su esposa con el cadáver de su hijo en brazos; quien en su intento de esconderse cayó y se golpeó con el viejo baúl de aquél roble fuerte en el que él se escondía cuando era niño.

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