Carta a un amigo.
Tenía 10 años cunado te conocí, peludo, inocente y tímido. Bastaron solo unas horas para que tu vida cambiase y cambiaras la mía. Hoy a 16 años tenemos tanto que contar, tu en tu pequeño cerebro que no alcanza a crear palabras que todos los seres humanos entiendan como yo te entiendo.
Hemos vivido una gran cantidad de aventuras; hemos conocido las buenas, las excelentes, las malas y las peores, pero siempre juntos. Como olvidar aquel día que te dieron una paliza por haberte enamorado de la vecina y que tirado en la calle aun y tu gran enojo solo me dejaste a mi cuidarte para que sanaras y volverte aventurar a corretear todo lo que te llamaba la atención. Cuantas veces no llegaron personas con intención de callar lo que tu mente e instinto animal hacía, a las cuales sin dudarlo me opondría una vez más.
Y es que, tal vez pocos lo entiendan, pero haz compartido conmigo mucho más que muchos amigos, tu fuiste el primero en enterarte que aquella maestra de química en la secundaria había mandado mi primer reporte y semanas después me había calificado con un 5; así como estar a mi lado cuando mi madre se enteró y la revolución que se armo.
Sería difícil describir la alegría que me causaba que me despertases los sábados con tu lengua áspera y pegajosa. Casi imposible como el describir que amaba cargarte del parque a la casa mientras veníamos igual de cansados y te acomodabas perfectamente en mi cintura sin queja alguna, creo que te resultaba bastante cómodo.
Fuiste tu quien se entero del primer gran amor, la primer gran decepción y mis primeras ideas alocadas, aquellas tardes de verano solos en casa.
Cuidaste de la familia hasta donde pudiste, entrenaste y cuidaste a más de tu especie, todos ellos se han adelantado a irse, a excepción del bigotón que te acompaña hoy en día.
Eres sin duda el amigo más antiguo que tengo, ese que no comparte lazos consanguíneos pero quien es un miembro más de mi familia.
Hoy estás débil, viejo y repelón, pero aun cuando escuchas a lo lejos mi voz vienes, me saludas, te acercas a mi como cuando eras apenas un niño, te levantas apenas, caminas lento y pausado, guiándote por tu excelente oído y agudeza que toda la vida te ha caracterizado; eres el incomparable guardián de mis más grandes secretos.
Dicen que tal vez estés a punto de partir, y yo no quisiera dejarte ir, pero también sé que tal vez haya terminado tu misión, duele mucho despedirse de alguien tan grande y que se le ama tanto como yo a ti.
Decirte adiós es sumamente difícil, pensé en ayudarte a continuar el viaje, pero ¿cómo podría atreverme si te veo aferrado a levantarte, a buscar tu comida, tu agua y dar el cariño que siempre has dado? ¿Quién podría darme a mi la libertad de decidir sobre algo que no es mío si no tuyo?
No amigo mío, no lo puedo pensar de esa manera. Mientras tu quieras seguir yo te cuidaré y juntos pelearemos la última batalla si es que es esta. Y cuando al final llegues a tu destino te dejaré ir con la clara visión de que hicimos lo correcto. Te amo amigo mío, así. Peludo, sin hablarme, en cuatro patas y ruidoso como solamente tu sabes hacerlo. Defendiéndote como tantas veces tu lo hiciste. Haciendo frente, hombro a hombro.. o más bien dicho pie a pata… juntos.